Categorías: FeminismoNoticias

Para las libres y las salvajes. Para las que incendian, las que callan y las que ya no pueden cantar

Todos los días al despertarme, sé que abrir los ojos es un privilegio. Cuando me visto, tengo que pensar a dónde voy. ¿Voy a regresar tarde? ¿Voy a subirme al metro? De eso dependerá si me pongo una falda, unos shorts, un escote, o no. Tengo miedo de que mi manera de vestir justifique mi desaparición. Cambio mi ruta al trabajo, y volteo a todos lados cuando voy caminando. Cuando me expreso en un salón lleno de hombres, tengo que ser muy firme, pues posiblemente mi opinión sea omitida, reexplicada por un hombre o debatida. Mi opinión cuenta menos. Trabajo duro, pero gano menos que un hombre que trabaja menor tiempo que yo, no importa si mis capacidades son mayores o no. Todos los días corro el riesgo de ser acosada, de recibir miradas lascivas, ser abusada o violada. Todos los días me dicen cómo tengo que verme, cómo debo expresarme, qué debo decir para no incomodar. Mis amigas caminan con botellas de vidrio en la mano si van solas, con temor, con ansiedad. Cuando llegamos a casa, nos mandamos un mensaje para avisar “ya llegué” porque hoy, mañana quién sabe, tuve la suerte de volver con vida. Tuve la suerte de no ser una cifra en un meme, de no convertirme en una de las que ya no pueden salir a cantar.

Todos los días en nuestro país, nueve familias destrozadas encuentran el cadáver de su hija, madre o abuela en un barranco, descuartizado, violentado, desgarrado. Todos los demás observamos, algunos con pesar, otros con indiferencia, y seguimos nuestra vida como si nada pasara. Cuando me reúno con mis grupos de mujeres, me doy cuenta de que todas han sido acosadas, han vivido en una relación abusiva o han sido violadas. No hay una que se salve. En nuestro México, no hay una niña, mujer o anciana que pueda decir: a mí el patriarcado nunca me ha atravesado. Puede ser con un comentario, con una mirada, con un pene o con un cuchillo. Todas las anteriores se aceptan y se normalizan todos los días. La culpa la tiene ella. “Es que iba sola”. “Estaba borracha”. “Es que traía una falda muy corta”.

Todos los días, las mujeres mexicanas, y desgraciadamente en muchas otras partes del mundo es igual, vamos por la vida esquivando las barreras invisibles que nos imponen el estado y la sociedad. Cómo me visto, cómo hablo, cómo camino. Si soy una dama o una puta. Si soy una histérica o una machorra. Si soy provocadora o soy demasiado libre para ser mujer. Todo el mundo tiene derecho a juzgarme, a violarme, a callarme por el simple hecho de que soy mujer. Sin embargo, hoy ya no nos quedamos calladas, y luchamos contra esto juntas, pasando lista de las que ya no están. No estoy segura de qué es lo que tenga que pasar para que como sociedad abramos los ojos ante los horrores que nos acechan. Tal vez es demasiado doloroso para nombrarlo. Y de este feminicidio nuestro de todos los días, tanto el estado como los indiferentes son cómplices. No sé si tengan que existir casos aún más horribles, o si es necesario que la cifra crezca aún más para que despertemos. Adolescentes violadas por la policía. Niñas violadas por familiares. Pacientes terminales violadas y amenazadas. Madres descuartizadas. Hijos abandonados. Familias destrozadas. Nuestra herida está abierta, y cada día le clavamos el cuchillo nueve veces más. Estas lágrimas no se detienen, ni tampoco los abusos más sutiles, los asesinatos y todo lo que pasa en medio, estas barreras invisibles que tiramos día con día.

Hoy tengo claro que si mañana no llego a casa van a ser las mujeres en mi vida, mi madre, mi hermana, mis amigas y sus amigas las que van a salir a buscarme y a gritar mi nombre por las calles. Ellas saldrán con mantas, pintadas, tomadas de la mano y expresarán este enojo, esta rabia, este terror, este dolor que sentimos todos los días. Ellas van a cantar, a bailar, a aventar diamantina y a romper un par de vidrios. Esta furia es la que va a incendiar monumentos. Y su dolor hará estallar las calles. Como pocos escucharán su mensaje, tal vez tendrán que pintarlo por todas partes. Cerrarán las calles y le gritarán a la jefa de gobierno que quieren saber dónde estoy. Le gritarán a los policías que su deber es cuidarnos, no matarnos, y al otro día, como si nada hubiera pasado, todos hablarán de lo violentas y locas que son. Se repararán un par de vidrios, se pintarán un par de paredes y la vida seguirá como si nada. Ellas serán las culpables de la violencia, así como yo fui culpable de terminar en un barranco por decidir vivir mi vida libre. Y los violadores, acosadores, asesinos y cómplices seguirán en las sombras, viendo como el sistema siempre los protege. Porque la culpa siempre la tenemos nosotras, ya sea si nuestras protestas son muy tibias, muy violentas, si estamos desnudas, si queremos justicia…. nosotras somos las provocadoras, y por eso estamos hasta la madre.

Hoy existe un movimiento porque ayer otras miles rompieron otros vidrios. Por eso podemos votar, salir a correr, tener una cuenta en el banco. Tenemos derechos gracias a ellas. Y hoy que nos toca a nosotras ponemos la vida en la raya con la esperanza de que mañana no le tenga que tocar a nuestras hijas. No sé si nuestra furia pueda romper un vidrio con tanta fuerza como nos rompen el corazón todos los días. Quemar un monumento no nos va a devolver a nuestras hermanas, porque no hay que dejar de decirlo: no estamos todas. Nos dejaron sin integridad, sin voz, sin cuerpo, pero nos tenemos a nosotras. Hoy nos cuidamos entre todas. Nos tomamos de la mano y cantamos y nos cubrimos con un pañuelo verde y exigimos. Y estamos furiosas. Y tenemos el corazón destrozado porque tenemos que llegar a esto. Y si es necesario quemar toda la ciudad, romper todos los vidrios y pasar lista todos los días para que podamos salir a la calle tranquilas, que así sea. Porque vivas se las llevaron, porque vivas nos llevan todos los días. Porque no queremos ser una cifra. Porque queremos salir a la calle y vivir. Hoy más que nunca, exigimos justicia, y no les estamos pidiendo permiso.

Por Daniela Valdéz
@tintarojaeditoras

Foto: @bwithacamera

Redacción Marie Claire

Compartir
Publicado por:
Redacción Marie Claire
Tags: feminismomarchamexicomujeresno estamos solas

Contenido reciente

GUCCI: Sin huellas de carbono

La firma de lujo italiana, Gucci, ha anunciado un gran paso que involucra consecuencias positivas en el medio ambiente. La…

6 días atrás

All inclusive runway: Una pasarela que no conoce de etiquetas

“La moda nos incluye a todos” es el slogan de All inclusive runway,  primer desfile de moda inclusivo, organizado por Cambiando…

1 semana atrás

Experiencias entre risas, juegos y aprendizaje

Momentos para recordar El 6 de septiembre se organizó un día de campo, pues una vez al mes, la Fundación…

1 semana atrás

Conoce la colección SS20 de Longchamp

Un estilo de vida en movimiento y manteniendo siempre una sofisticación fue el resultado para la colección SS20 de Longchamp,…

1 semana atrás

Así se vivió el desfile de Tory Burch Spring-Summer 2020

En exclusiva, te llevamos a New York Fashion Week donde se presentaron las tendencias que veremos el siguiente año. Disfruta…

1 semana atrás

Sandra Echeverría celebra el éxito del arranque de “La Usurpadora”

Sandra Echeverría está disfrutando de la gran acogida que ha tenido el inicio de la serie La Usurpadora, la cual…

2 semanas atrás