Al parecer, tener mala memoria podría ser un reflejo de inteligencia.
Según la investigación de Paul Frankland y Blake Richards, ser más inteligente va de la mano con poder observar, retener lo relevante y olvidar lo que sea necesario para tomar decisiones en el futuro.
O sea, olvidar es en realidad un mecanismo de “optimización” del uso de nuestra memoria.
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El resultado de estos estudios confirmó que dejar ir algunos detalles que ya no son importantes ayuda a tomar mejores decisiones en el día a día, y facilita la generación de nuevos pensamientos en las conexiones neuronales, reemplazando la novedad por lo ahora inútil.